Rapsoda vs. Aedo

Homero vs. la belleza de lo sagrado

Al echar un breve vistazo a la definición de Rapsoda y Aedo que nos entrega la wikipedia, nos podemos hacer una idea de la envergadura del conocimiento traído, mimado y conservado desde la antigüedad más profunda de la humanidad, en conexión directa con lo Sagrado, la Sabiduría, lo Innato, lo Instintivo, nuestra esencia en todo aquello que vamos redescubriendo que obedece a la realidad y no a la fantasía.

Vayamos al oráculo tecnológico:

En la Grecia Antigua (más o menos durante el primer milenio antes de Cristo) un rapsoda era un recitador o pregonero ambulante que cantaba poemas homéricos u otras poesías épicas. Los aedos también lo hacían, pero a diferencia de los rapsodas los aedos componían las obras que declamaban. Los rapsodas se limitaban a declamar y recitar las obras de otros. A Homero se le consideraba un rapsoda ya que recitaba los dos poemas épicos por los que es conocido hoy en día: la Ilíada y la Odisea.

¡Vaya! Homero hacía las funciones de rapsoda. Se dedicaba (imagino que entre muchas cuestiones más) a transmitir cierto conocimiento que venía de mucho más allá de su momento histórico. Ejercía un oficio ancestral que garantizaba la transmisión del conocimiento valioso para la comunidad o para una cultura en particular. El valor es incalculable y tiene pinta de que esta labor estaba anclada en la necesidad de la humanidad de protegerse, de sobrevivir, una actividad puramente existencial.

Vayamos ahora a la descripción de los Aedos:

Los aedos (del griego ἀοιδός, aoidós, «cantor», que a su vez proviene del verbo ἀείδω, aeidoo, «cantar») eran, en la Antigua Grecia, artistas que cantaban epopeyas acompañándose de un instrumento musical, el phorminx (u otros instrumentos de cuerda típicos). Se distinguían de los rapsodas, más tardíos, en que componían sus propias obras, además los rapsodas no tañen la lira, sino que sostienen un bastón en la mano para marcar el ritmo del poema y no recitan cantando sino levantando la voz a intervalos. Los aedos fueron más o menos el equivalente de los bardos celtas.

Pues si los primeros traían aquello necesario para la comunidad y por extensión para la humanidad, los segundos, que “componían sus propias obras” y que también ejercían otro oficio necesario, tuvieron que tener una legitimidad reconocida y sostenida por una fuente de inspiración vinculada a la naturaleza, a lo sagrado, a la Femineidad sagrada, vinculada a un sentimiento fundamentalmente carnal, material, vivo en cada uno de nosotros, aquí y ahora.

Los aedos tienen su equivalencia con los bardos celtas y, como no, también con los juglares, trovadores y poetas en toda la historia de la humanidad que se han encargado de cantarle a la Musa, su fuente de inspiración, y ¿quién puede negar el paralelismo directo con las dríades, las adríades y las melíades, todas ellas ninfas de los árboles, las primeras habitantes de este hermoso, inteligente, sensible y sensual planeta?

¿Serían los aedos aquellos que con el tiempo recitaban los rapsodas? ¿o eran dos oficios sin conexión alguna?

Aquí lo dejo.

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Nota final: quiero dejar aquí, al final, una cuestión que en el día a día nos sirve para resituarnos en un punto concreto, que quizás nos haya sido robado: la necesidad de vincularnos con nuestro entorno en términos generales, ya sea nuestras relaciones personales habituales, nuestra relación con la naturaleza con todos sus animalillos, incluidos los humanos, y con todo el cosmos en general. No creo que sea saludable sentir solamente a aquello que nos “mira” desde el cosmos, sino también a aquello que nos mira y nos mima desde nuestro entorno más inmediato, la Tierra. Es necesario reconocer los cuidados que nos proporciona la Tierra, que aquellos que eran expertos en la conexión con Ella llamaban Sophia, la Diosa de la Sabiduría, reconocida en todas las culturas anteriores a la nuestra actual con multitud de nombres:

  • Aniruddha
  • Prithivi
  • Spandarmat
  • Mujer Araña
  • Sthevara
  • Asteroth
  • Ishtar
  • Arianrhod
  • Ariadne
  • Ceridwen
  • Rhea
  • Bhudevi
  • Kore
  • Demeter
  • Magna Mater
  • Gaia.

¡Que lo cercano, lo carnal, lo inmediato, lo visual, lo sensible, lo sensual, lo sexual, nos invada completamente en pro de nuestra buen vivir, de nuestra alegría y de nuestra necesidad imperiosa de sentir la vida en su plenitud, aquélla que seamos capaces de asir y de sostener!

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Encuentro de las ninfas de los árboles con los hombre de Orión en el principio de la brecha de género, tan profundamente anclada en nuestra psique.

JM

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