La trampa

La trampa es el capítulo 1 del libro El asesinato de Cristo de Wilhelm Reich. Me llamó la atención que estaba dedicado A los niños del futuro, es decir, a mí y a todos aquellos que nacimos después de su muerte en 1957.

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Dibujo de Pat Linsen

Abajo copio, como ya acostumbro, la introducción de este capítulo cuyas secciones tienen los siguientes sugerentes títulos:

  • ¿Dónde está la salida?
  • La gran tragedia
  • El gran peligro
  • El “cuerpo” y la “carne”
  • El pecado original -un misterio
  • El origen del pecado original
  • El árbol prohibido
  • Buhoneros de la libertad

Deseo que lo disfrutéis tanto como yo.

JM


1
LA TRAMPA

El hombre nació libre; y en todas partes está encadenado. Uno cree ser el amo de los otros, y es aún más esclavo que ellos. ¿Cómo se produjo este cambio? No lo sé.

Jean-Jacques Rousseau formuló esta pregunta ya en las primeras páginas de El contrato social, hace unos doscientos años. A menos que se encuentre una respuesta a esta cuestión básica, no tiene mucho sentido componer nuevos contratos sociales. Desde hace mucho tiempo, hay un algo que opera dentro de la sociedad humana y que vuelve estériles todos y cada uno de los intentos de hallar una solución a ese enigma bien conocido por todos los grandes líderes de la humanidad durante los últimos milenios: el hombre nace libre y sin embargo recorre la vida como un esclavo.

Hasta ahora no se ha encontrado ninguna respuesta. Debe haber en la sociedad humana algo que actúa obstruyendo la formulación de la pregunta correcta para obtener la respuesta correcta. Todas las filosofías humanas están plagadas de la pesadilla de buscar en vano.

 Está operando algo muy oculto que no permite formular la pregunta correcta. Por consiguiente, hay algo que, de un modo continuo y con éxito, desvía la atención del acceso cuidadosamente camuflado al que debería dirigirse la atención. La herramienta que emplea es algo bien camuflado para desviar la atención del propio enigma fundamental es la EVASIÓN en lo tocante a la Vida viva. Ese algo oculto es LA PLAGA EMOCIONAL DEL HOMBRE.

De la correcta formulación del enigma dependerá que la atención se fije debidamente, y de esto dependerá, a su vez, el eventual hallazgo de la respuesta a la cuestión de cómo es posible que el hombre nazca libre en todas partes y  sin embargo sea esclavo en todas partes.

Si los contratos sociales están honestamente destinados a mantener la vida en la sociedad humana, son por cierto una tarea crucial. Pero ningún contrato social podrá solucionar jamás el problema de la agonía humana. El contrato social, en el mejor de los casos, no es más que un arreglo provisional para mantener la vida. Hasta el día de hoy no ha sido capaz de eliminar la agonía de la vida.

Estos son los constituyentes del gran enigma:

  • Los hombres crearon grandes enseñanzas, pero cada una de ellas sirvió a su opresión.
  • El hombre es el “Hijo de Dios” creado a Su imagen; no obstante, el hombre es “pecador”, es una víctima del “Diablo”. ¿Cómo pueden existir el Diablo y el Pecado, si Dios es el solo creador de todo lo existente?
  • La humanidad ha fracasado en la tarea de contestar la cuestión de cómo puede existir el MAL, si un Dios perfecto creó y gobierna el mundo y a los hombres.
  • La humanidad ha fracasado en establecer una vida moral de acuerdo con su creador.
  • La humanidad ha sido asolada por guerras y asesinatos de todo tipo desde el comienzo de la historia escrita. Jamás ha triunfado ningún intento de eliminar esta plaga.
  • La humanidad ha desarrollado muchos tipos de religión. Cada una de esas religiones se ha convertido en otro medio de opresión y miseria.
  • La humanidad ha ideado muchos sistemas de pensamiento para hacer frente a la naturaleza. Con todo, la naturaleza, que en realidad es funcional y no mecánica, se le ha escapado de la manos.
  • La humanidad ha corrido detrás de toda migaja de esperanza y conocimiento. Sin embargo, tras tres mil años de búsqueda y preocupación, y de angustias y asesinatos por herejías, y de persecuciones por errores aparentes, ha arribado a poco más que unas escasas comodidades para un reducido sector de la humanidad, como automóviles, aviones, frigoríficos y radios.

Después de miles de años de concentración en el enigma de la naturaleza del hombre, la humanidad se encuentra exactamente en el punto de partida: con la confesión de la más absoluta ignorancia. La madre sigue impotente ante las pesadillas que atormentan a su hijo. Y el médico sigue sin saber qué hacer frente a una cosa tan pequeña como un resfriado.

En general, se está de acuerdo en que la ciencia no revela ninguna verdad permanente. El universo mecánico de Newton no se ajusta al universo real, no es mecánico, sino funcional. La imagen coperniquiana de los círculos “perfectos” es errónea. Las trayectorias elípticas de los planetas de Kepler no existen. Las matemáticas han resultado no tan fiables como prometían. El espacio no está vacío; y nadie ha visto jamás un átomo o un germen atmosférico producido por una ameba. No es cierto que la química pueda abordar el problema de la materia viva, ni que las hormonas hayan respondido a lo que prometían. El inconsciente reprimido, supuestamente la última palabra en psicología, resulta ser un artefacto de un breve periodo de la civilización de tipo místico-mecánico. La mente y el cuerpo, que funcionan en un mismo organismo, siguen separados en el pensamiento humano. La física, perfectamente exacta, no es tan exacta, del mismo modo que los hombre santos no lo son tanto. La solución no está en descubrir más estrellas, cometas o galaxias. Ni se logrará nada con más fórmulas matemáticas. No tiene sentido filosofar acerca del significado de la Vida, mientras no sepamos qué es la Vida. Y, puesto que “Dios” es la Vida, lo cual es un conocimiento cierto, inmediato, común a todos los hombres, es poco útil buscar o servir a Dios, si uno no sabe a quién sirve.

Todo parece apuntar a un solo hecho: hay algo básica y crucialmente erróneo en todo el tinglado que monta el hombre para aprender a conocerse a sí mismo. La visión mecánico-racionalista ha fracasado por completo.

Locke y Hume y Kant y Hegel y Marx y Spencer y Spengler y Freud y todos los demás fueron ciertamente grandes pensadores, pero de algún modo el mundo siguió como algo vacuo y la mayoría de la humanidad quedó intocada por la profundización filosófica. Tampoco nos ayudaría la modestia para proclamar la verdad. Muchas veces no es más que un subterfugio para ocultar la evasión de uno mismo respecto a un punto crucial. Aristóteles, quien gobernó el pensamiento de muchos siglos, resultó estar equivocado, y poco puede hacerse con la sabiduría de Platón o de Sócrates. Epicuro  no triunfó, ni lo hizo un solo santo.

Es grande la tentación de compartir el punto de vista católico, después de la experiencia nociva del último gran esfuerzo de la humanidad, hecho en Rusia, por luchar a brazo partido con su destino. El efecto devastador de tales intentos se ha revelado a sí mismo de un modo demasiado drástico. Dondequiera que miremos, encontraremos al hombre corriendo en círculos, como si estuviera en una trampa, buscando en vano y desesperadamente la salida.

ES posible salir de la trampa. De todos  modos, para escapar de una prisión, antes hay que confesar que se está en una prisión. La trampa es la estructura emocional del hombre, su estructura caracteriológica. Es poco útil idear sistemas de pensamiento sobre la naturaleza de la trampa, si la única cosa que hay que hacer para salir de la trampa es conocerla y encontrara la salida. Todo lo demás es completamente inútil: es inútil cantar himnos sobre el sufrimiento en la trampa, como hacen los negros esclavizados; o hacer poemas sobre la belleza de la libertad fuera de la trampa, soñada dentro de la trampa; o prometer una vida fuera de la trampa después de la muerte, como promete el catolicismo a sus congregaciones; o confesar un semper ignorabimus, como hacen los filósofos resignados; o construir un sistema filosófico en torno a la desesperación de la vida dentro de la trampa, como hizo Schopenhauer; o inventar un superhombre que sería muy distinto del hombre que está en la trampa, como hizo Nietzsche, hasta que, atrapado en un manicomio, escribió finalmente toda la verdad sobre sí mismo… demasiado tarde…

Lo primero que hay que hacer es encontrar la salida de la trampa.