El cura frustrado

En ocasiones, la vida nos sorprende más allá de los límites de lo acostumbrado. Esos momentos suelen venir cargados de algún tipo de información que, bien equilibrado ese acontecimiento, se obtiene el premio de la experiencia, el conocimiento directo, lo que los telestai llamaban gnosis, el conocimiento directo a través del uso de la nous.

Esos momento no son muchos, más bien escasos, y claro no están para desperdiciarlos y seguir por la vida como si nada hubiera ocurrido. Son un regalo de la naturaleza, una conexión valiosa con la mente de Gaia.

Todo eso es cierto: tenemos momentos de lucidez personal y únicos que tienen una necesidad de ser compartidos sin la intervención de lo que llaman ego. No se siente la necesidad de imponerle ninguna autoría porque realmente el individuo aquí es un mero vehículo, siempre es a través de.

En un planeta lleno conocimiento no directo, en el que esas tecnologías dáctiles nos muestran al instante todo lo que necesitamos saber, en el que los medios de comunicación nos mantienen informados, se llega a crear en cada uno de nosotros cierta seguridad de que disponemos de los conocimientos necesarios para argumentar en cualquier situación, pero en realidad muy pocos animales humanos aceden a aquel conocimiento directo proveniente de nuestra Magna Mater.

Todos tenemos argumentos -leídos, oídos, pensados, refinados, reflexionados, hasta sentidos- para verterlos encima de los demás igual que hacía un cura desesperado hace siglos. Aquel cura creía que tenía cuestiones importantes que revelar (nada más lejos de la realidad) y en su empeño sentía la autoridad de lo que decía, ademas de imponerlo no sin poca carga desproporcionada. Aquel cura, que ya pasó a la historia, se ha transferido a nosotros. Nos hemos convertido en curas en cuanto a nuestro comportamiento general en las relaciones personales, todos tenemos muchas cuestiones que contar a los demás con la buena intención de redimir no sé qué cuestión del otro.

Hasta aquí la cosa puede parecer una cuestión natural: yo tengo una información que considero valiosa y quiero que los demás la puedan aprovechar. Ni que decir tiene que esta sección de esta web tiene ese objetivo, para el que la quiera aprovechar y siempre con la única intención de que sirva de experimento del que está escribiendo en este momento. Lo demás no importa nada, absolutamente nada.

Pues siguiendo con el hilo, en este precioso mundo intoxicado con las “nuevas tecnologías”, todos tenemos la información, pero hay un problema, nadie la experimenta. La información de uno le resbala al otro y la del otro al uno. Hay tanta información (que más bien es desinformación) que cada uno se hace un cliché de lo que es la realidad, y todo basado en conocimiento no directo. Así, todos creemos que sabemos, cuando lo que realmente sucede que creíamos saber.

Cuando un cura va a predicar a sus feligreses y todos ellos son curas como él, nadie escucha, el cura se ha quedado sin aforo. Se siente mal y poco a poco se va sintiendo acorralado por una sensación de frustración. El cura frustrado solo se encuentra con curas frustrados, igualmente frustrados que él.

La situación es dantesca, no saben qué hacer, pues no tiene un conocimiento directo que les pueda ayudar. No saben que aquellos niños, que fueron con toda su inocencia, se han convertido en otra cosa. No detectan que su comportamiento es coercitivo con los demás, su desesperación les ciega y no aprecian que delante de ellos hay otro cura frustrado. Vamos que se encuentran con una muralla de varios quilómetros de espesor, como la suya.

Si reconociéramos que no tenemos conocimiento directo, que realmente no dedicamos el tiempo suficiente para posibilitar que suceda esa experiencia, que vamos con demasiadas cuestiones en la cabeza (y aquí nuevamente las “nuevas tecnologías” hacen lo suyo) que no nos permiten ponernos tranquilamente delante de un árbol o una planta de tomate sin pensar en nada, que nuestros pensamientos y decisiones están condicionadas más por el miedo que por la confianza,… no tendríamos la necesidad de comportarnos como un cura, que quiera o no, tiende a la frustración.

JM -un cura frustrado?

PD:  Abajo dejo una imagen más adaptada a los tiempos modernos.

GuardarGuardarGuardarGuardar

GuardarGuardar

GuardarGuardar