Un viaje por el silencio roto

Ya está bien de narrativa incorrecta. ¡Vámonos de viaje! No a su imagen está a punto de publicarse y las experiencias me traen por aquí:

Empecemos el viaje por un poema; “Me gusta cuando callas” de Pablo Neruda….

¿Por qué un libro puede cambiar el mundo?

No a su imagen en primera instancia me enseñó algo muy importante de lo que yo no era consciente, esto es, que la narrativa que guía mi vida está impregnada de Judeocristianismo.

¿Cómo podía ser eso posible? Yo que nunca he sido católica, que siendo una niña de unos 6 ó 7 años me negué a ir a misa y mis padres me respaldaron, que nunca he ido a colegios religiosos porque mis padres “ya habían aprendido” la lección y no querían que ni a mí ni a mi hermana nos llenaran la cabeza con ideas de Cristo, pecados y demás. Yo que no me confirmé como todas mis amigas, que ya desde mi infancia podía ver las manos veladas de los títeres de la Iglesia. Yo que siempre me he considerado anti-católica, anti-curas, anti-Papa, anti-Iglesia.

¿Qué fallaba? ¿Cómo puede suceder que yo, con todo ese trasfondo, después de leer este libro me dijera a mí misma: “Rocío eres una cristiana, apostólica y romana hasta la médula”? Bien, aunque mi familia afortunadamente no ha apoyado la narrativa salvacionista, sí que ha recibido los valores, creencias y directrices de una sociedad salvacionista. Es algo así como que no es posible ser no-religioso, la espiritualidad se expresa a través del ser humano se quiera o no, se sea consciente de ello o no. Y esa espiritualidad configura el modo de construirnos una imagen de lo que somos, de lo que somos como individuos, de lo que somos como especie.

Tengo dos hijas y puedo dar fe de las resistencias que imponen ante comportamientos, valores, creencias, obligaciones, etc. que sienten que no se conforman a su naturaleza. Es tremenda la fuerza con la que un niño se resiste a hacer algo que siente que no se ajusta a sus impulsos. ¿Qué es exactamente lo que impulsa interiormente a los niños? Socialmente ha venido a ser definido como “capricho” (en la tercera edición del “Diccionario de la lengua castellana” (1791) encontramos, negritas añadidas: “2. En las obras de poesía, música y pintura es lo que se ejecuta por la fuerza del ingenio más que por la observancia de las reglas del arte. HOMBRE DE CAPRICHO. El que tiene ideas singulares y las dice con novedad y agudeza.)

Con la frase: “los niños son caprichosos” ya hemos solucionado todo, aceptamos ciegamente esta idea y seguimos nuestra vida tratando a los niños como personas de segunda categoría que no tienen ninguna información que aportar sobre la psicología de nuestra especie. Pero, ¿y si la idea de que los niños son caprichosos (tal y como se entiende socialmente)  fuera una creencia inválida, universalmente aceptada pero inválida, incorrecta? Bien, en ese caso todos los padres de la sociedad tendríamos que aceptar que nos estamos equivocando en el modo de definir lo que es un niño humano y tendríamos que reformular nuestra idea de lo que es un niño, ¿verdad? También tendríamos que cambiar la forma de tratar a los niños, tener en cuenta sus necesidades y cambiarían nuestros comportamientos, ¿no? Lo mismo ocurre con nuestras creencias religiosas, ¿y si son inválidas, incorrectas y engañosas?

La especie humana necesita la narración desde que nacemos, dedicamos ciertos impulsos instintivos a la búsqueda de historias que guíen nuestro comportamiento y que definan nuestra identidad individual y grupal. Como dice John Lash en metahistory.org “nos comportamos según nuestras creencias”. ¿Por qué buscan los niños los cuentos si no? Pero, ¿hacemos un análisis crítico de nuestras creencias o seguimos ciegamente los parámetros impuestos por nuestra cultura, familia, religión, etc.?

Hasta que leí No a su imagen, yo no había hecho un análisis tan exhaustivo de mis propias creencias. En mi vida mis impulsos no me han llevado por malos caminos, no del todo, pero para nada era consciente de hasta qué punto las creencias impregnan las relaciones y determinaban la vida. Solo después de leer No a su imagen, tomé conciencia de esta realidad.

RG. Día 20, Bhuvaneshvari y Tara, 2016