La Regla de los Signos en la ética gaiana

La Regla de los Signos es un método que se usa para la multiplicación de los números enteros (los números naturales positivos y los negativos). Dice que cuando multiplicas dos números con el mismo signo el resultado es positivo y cuando lo haces con dos números de distinto signo el resultado es negativo.

Hoy, hablando con RG, hemos visto que se puede aplicar a la mentira. Si asignamos no mentir con el signo positivo (+) y mentir con el signo negativo (–) podríamos aplicar, con muy buenos resultados, la Regla de los Signos a la mentira. Esto es:­

  • No mentir (+) al que no me miente (+) es positivo.
  • Mentir (–) al que me miente (–) es positivo.
  • Mentir (–) al que no miente (+) es negativo.
  • No mentir (+) al que me miente (–) es negativo.

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De aquí podemos obtener muchas implicaciones que nos colocan en un escenario igualitario, donde cada relación personal se desarrolla según alguno de los cuatro casos de arriba. Podría decir que la primera (+ · + = +) define una relación de completa confianza, donde cada uno de los animales humanos que se relacionan de este modo confían el uno en el otro y se desarrollan (cada uno a su ritmo) sanamente. No hay tiempo perdido en malos entendidos, la transparencia hace todo el trabajo para nuestro desarrollo integral, tranquilo, que nos permite disfrutar de los demás, sin apalancarnos continuamente en aclarar no sé qué. Desde aquí se puede mirar a la naturaleza -los pájaro, los árboles, las montañas enteras- con una visión más íntima, con más detalles, hasta esos pequeños detalles que, si no es desde esa tranquilidad, se nos pierden o no se aprecian con tanta claridad.

Después viene el caso – · – = +. ¡Todo un deleite! ¿Por qué no mentir a aquellos que vienen con la mentira por delante? Aquí el jcibu se encarga de despistarnos, pero desde la ética gaiana un guerrero impecable sabe cuándo le mienten y utiliza la mentira para dar respuesta a la mentira. Es un acto de guerra en un entorno bélico, nada nos prohibe actuar de este modo, no estamos sujetos por las «buenas enseñanzas» de ése tal Jesús, ni de ninguno de sus leales psicópatas que nos asedian desde hace muchos milenios.

Los casos + · – = – y – · + = – son análogos. Aquí (tanto si mentimos a los que no nos mienten como si somos transparentes con los que nos mienten) se da toda una amalgama de situaciones dañinas. O no estamos atentos a aquellos que nos mienten, y por tanto indefensos a sus encubiertas intenciones, o no somos leales con aquellos que sí quieren una relación sana. Desde mi punto de vista, aquí se darían la mayor parte de las relaciones personales, por supuesto, por muy diversos motivos. Básicamente, yo considero que la «autoignorancia», es decir, el desconocimiento consciente (aunque pueda parecer inconsciente) de lo que llevamos dentro junto con la falta de valentía para enfrentarnos a ello, es la principal causante de todo este embrollo. A nivel social, y en términos generales, no veo la fortaleza suficiente para hacernos cargo íntegramente de nuestra existencia. Es como que es más fácil seguir ciego hacia adelante y obviar la verdadera calidad de la vida que llevamos. Falta ese impulso valiente que nos guía hacia adelante, que nos aleja de aquello que hemos vivido y nos nos gusta; falta ese impulso que nos capacita para decir que esto o aquello otro de  nosotros no nos gusta y estamos dispuestos a aceptarlo y corregirlo.

Estoy convencido de que la Regla de los Signos aplicada a la ética gaiana es un buen instrumento (un buen juego mental) más allá de la casuística que he descrito arriba. Nos coloca en un lugar real, y por tanto igualitario, que nos posibilita unas relaciones más adaptadas a los acontecimientos que vivimos. Todo un juego para experimentarlo cada día. Espero que sea de vuestro provecho. ¡Que la vida os sonría con un bello juego, quizás con un buen destino!

JM