Autoridad vs. autoritarismo

Durante los últimos años estamos observando la caída intencionada del autoritarismo, como una estrategia muy antigua que tiene por resultado su reconstrucción inmediata a través de la violencia bienvenida. Cada día somos mas “conscientes” de que los políticos, esos “representantes” de las autoridades, no son precisamente lo que incansablemente y durante los últimos milenios nos han dicho que son.

Desde la implantación del Judeocristianismo, han representado el papel de salvadores, nos han hipnotizado para hacernos creer que sin ellos no seríamos capaces de desarrollar una sociedad equilibrada, bella, divertida, placentera, animista…

Animismo

Desde ese punto de vista animista, que estamos estudiando desde hace más de cuatro años, hemos aprendido que el salvacionismo judeocristiano se ha empeñado en imponernos sus servicios aduciendo que no somos capaces de establecer acuerdos naturales entre nosotros. Con el transcurso de los siglos hemos desplazado nuestro autogobierno -el principio autorregulador que caracteriza a las sociedades orgánicas- a las instituciones. Así, ya no queda casi nadie que se cuestione la institución médica, por ejemplo, que tan claramente se observa que opera al servicio de las grandes empresas farmacéuticas.

La autoridad natural, aquella que se caracteriza por el paso de los años bien experimentados -la experiencia acumulada y dirigida al buen vivir-, ha sido dinamitada para la imposición de la “autoridad” patriarcal, la expresión máxima del autoritarismo.

Pues bien, durante los últimos años hemos ido asistiendo a una caída muy sospechosa del autoritarismo. Las propias autoridades nos están diciendo que no confiemos en ellas, los casos de corrupción trasladan la idea de que todo vale a nivel institucional (puesto que todo sigue igual), y eso provoca un cortocircuito en la endopsique. Estamos observando que este “todo vale” se traslada inmediatamente a la endopsique, provocando un “todo vale” en el sentir cotidiano de los ciudadanos, generando así un ambiente muy nocivo para las relaciones personales que provoca el paulatino aislamiento de cada uno de nosotros e impide nuestro desarrollo natural con los demás.

¡No vale todo! Se hacen necesarias una normas éticas naturales que nos sostengan ante el vacío generado por la “ausencia” de la autoridad patriarcal (autoritarismo). Sin este ejercicio corremos el riesgo de sentirnos sin control y con la necesidad de aplaudir cuando nos vuelvan a instalar de un modo violento la autoridad perdida, como ya ha ocurrido a lo largo de la historia en muchas ocaciones.

Podría citar algunos autores para el estudio de cuáles son las leyes naturales necesarias para la reconstrucción de una sociedad animista, no sin el ingente esfuerzo del establecimiento de los acuerdos necesarios entre los animales humanos para su consecución. En esta web hemos hablado de Wilhelm Reich, de Abraham Maslow, … y ahora quiero mencionar a Piotr Kropotkin y a Bronislaw Malinowski como dos estudiosos de las sociedades antiguas que recopilaron una información muy valiosa de cómo eran las buenas costumbres de nuestro pasado. Es posible que ahí podamos hallar algunas normas éticas que nos puedan sostener ante la caída malintencionada de la autoridad institucional.

La ética gaiana es el conjunto de aquellas buenas costumbres del pasado adaptadas a esta sociedad tan particular en la que nos desarrollamos hoy en día. Es indispensable esa adaptación que yo visualizo como un ejercicio lúdico a la luz del fuego nocturno, como símbolo de la regeneración, quemando lo nocivo y dando paso a lo vivo. Aquí la verdadera autoridad, aquella que viene de cada uno y no se delega en nadie, es nuestro guía.

Danza en el fuego

JM