Los pasos de mi libertad

Hablar de la libertad puede parecer un tanto atrevido tal y cómo está el panorama, pero ¿por qué no? ¿Acaso la libertad no necesita su intento?

Observo que uno de sus principios catalizadores son las ganas de vivir en proceso de destilación, el intento valiente de experimentar la vida tal cual pasa por mis venas. En este caso, por definición, la libertad se expresa como le da la gana. Esto puede bloquear la mente de cualquier ser humano, pero no la del animal humano. ¡Ya no estamos para eso!

Tumbados juntos

La condición de la libertad abarca mucho más que el repugnante libertinaje del jcibu. Ya está bien de esa mentalidad codiciosa, desconfiada y, francamente, aburrida y muy desagradable. La libertad se sostiene en una ética natural y, desde ahí, se siente amplia, inocente, salvaje, le gusta la transparencia, mejor dicho, devora la transparencia, sucede lo inevitable, lo verdadero.

También sucede que a veces las ganas de vivir empujan tan insistentemente que nos parecen demasiadas, que no podemos asir tanto placer[1]. Ahí es dónde se expresa la condición del guerrero, su canción dice: “¡Muero por mi libertad!”.

Hoy me he dado cuenta de que mi libertad está mezclada con la libertad de aquellos que me rodean. Cuando la libertad es tan escasa, tan encasillada y acorralada, las relaciones humanas son muy estrechas, con poco margen; están básicamente marcadas por aquellos condicionamientos morales dictados desde el exterior que piden a gritos ser demolidos, y con mucho gusto, claro. De este modo, se hace necesario hablar mucho (quizás durante generaciones) y tener la capacidad de llegar a acuerdos sanos y valientes que nos permitan recorrer en compañía el camino de la libertad. Es bello sentir esa interdependencia, es bello salir juntos de un escenario árido y empezar a caminar hacia otro lugar.

¿Quién pretende ser libre impidiendo la libertad de aquellos que lo acompañan? O, ¿quién aspira a su libertad sin disfrutar de la compañía de otros que pretenden lo mismo? ¿Qué héroe lucha solo? El guerrero necesita aquel fuego acompañado. ¡La compañía del fuego junto a los suyos!

Danza en el fuego

JM


[1] Eso que nos cuentan del placer lo veo como un follón mental. Veo que el placer está realmente delante de nosotros, mientras realizamos las cuestiones cotidianas, y sin embargo ni nos damos cuenta. ¡Estamos tan desconectados de nuestra cotidianeidad! El guión publicitario nos dice que no somos felices, ¡vaya tela! Y lo peor es que nos lo creemos hasta el punto de llegar a impedirnos la misma libertad que añoramos y que tenemos presente de un modo permanente. Es cierto que el margen está muy reducido a causa de quien todos sabemos, pero lo que nos queda es nuestro y lo tenemos continuamente delante de nosotros. ¿Cómo llegar ahí? ¿Por qué esta experiencia (igual que desde hace muchos milenios) es tan así? Se nos presenta confusa, como un fantasma, al tiempo que muestra toda su belleza. ¿Dónde voy? Está claro, pero ¿cómo y con quién voy?